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Kathrin Peters
 
 
La evolución de las cámaras fotográficas, desde su invento hasta nuestros tiempos de hoy
Historia de cámaras
 
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  Niepce en 1816 expone un método con el que obtener copias de grabados (aunque de nuevo imperfecto) usando una plancha metálica embadurnada con un barniz (betún de judea disuelto que al exponerlo a la luz se endurece). Se hace el grabado transparente empleando un aceite. El grabado está sobre la plancha metálica, que ha sido previamente recubierta con el betún de judea.

A continuación se expone al sol. El betún de la plancha metálica se endurece, toda menos el betún que está debajo del grabado. Después, se retira con un disolvente el betún que ha quedado sin endurecer (por no haber estado expuesto al sol) y queda la plancha con el hueco del grabado que se quiere reproducir. Se le aplica un ácido a la plancha metálica obteniendo una plancha que permitirá por el método de la estampación crear multitud de copias del grabado original. Este fue uno de los experimentos más cercanos al invento de la fotografía.

El siguiente inconveniente a solucionar sería lograr no perder el grabado original en el proceso de elaboración del molde del mismo. tras varios intentos al fin logra fijar sobre una de sus placas recubiertas de betún una imagen con el empleo de la cámara oscura. Y así nace de forma completa y concluyente la fotografía entre el año 1822 y 1827.

Todos estos experimentos empujan a Niepce a una deficiente situación económica que lleva a asociarse con Daguerre en 1829. Tres años más tarde de la fusión Daguerre-Niepce, éste último fallece sin haber sacado el más mínimo provecho ni de su invento ni de su asociación con Daguerre. Así pues, Daguerre queda al mando del desarrollo de la cámara creando el daguerrotipo. En veinte años el daguerrotipo prácticamente desaparece dando lugar a mecánicas mejoradas.

En el mecanismo del daguerrotipo se cambia la plancha metálica (usada por Niepce) por la plancha de cobre. Y se cambia la capa de betún de judea por una capa de plata metálica. La plancha de cobre da rigidez a la capa de plata metálica que es donde se formará la imagen. Primero, se pule la plancha para que quede lisa y a continuación se cubre con una capa de plata sobre la que se pone una finísima capa compuesta de plata-yodo (sometiendo a la capa de plata con vapores de yodo). Será esta última de capa de yodo-plata la que será sensible a la luz.

La plancha se monta sobre un porta-chasis y se introduce en la cámara. A continuación se proyecta la imagen (apropiadamente enfocada) sobre la superficie de plata-yodo. Entonces la luz hace su efecto. Tras el tiempo de exposición se saca la plancha de la cámara y se introduce en otra cámara “de revelado” donde se materializa la imagen.

La cámara de revelado es una caja de madera con mercurio dentro sobre un contenedor metálico, éste se calienta con un mechero de alcohol (similar a un camping gas) y esto genera gases de mercurio dentro de la caja. La plancha se introduce en la caja y los gases de mercurio reaccionan en aquellas zonas de la plancha que han recibido luz (la reacción será proporcional a la intensidad de luz que ha recibido la plancha).

Se saca la caja de revelado y se introduce en un líquido fijador (hiposulfito de sosa) que elimina las partículas fotosensibles donde no ha dado la luz. De esta manera queda mercurio de plata donde ha dado luz y las zonas de plata donde no había dado luz (la imagen) queda con la gradación de blancos y negros casi perfecta. Son muchas las condiciones de las que dependía la calidad de la imagen.

Desde el lanzamiento público del daguerrotipo el retrato sería una de sus principales funciones. La sociedad quiere ser protagonista de este maravilloso invento y verse fielmente plasmado por el daguerrotipo.

Los comienzos fueron difíciles, la escasa calidad de las lentes y la poca sensibilidad de la placa del daguerrotipo hacen más difícil la realización de retratos. Con el paso de los años comienzan a aparecer sustancias aceleradoras y mejores objetivos que facilitan la tarea del retrato en parte porque el tiempo de exposición sigue siendo excesivo. Los modelos tenían que posar durante varios segundos y a veces varios minutos si poder mover ojos, brazos, cara, etc. Durante la exposición el más mínimo movimiento provocaría una imagen difuminada estropeando el resultado del retrato. Mas adelante se buscarían ingeniosos inventos para evitar las incomodidades de los tiempos de exposición creando artilugios que servirían de apoyo de cabeza y extremidades de forma que los modelos podrían superar sin problemas el cansancio de la espera.
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